20.12.06

192 Millones (Publicado en Excelsior 20/12/06)

Hagamos la historia de dos lugares. En el primero de ellos 39% de la población mayor de 15 años no terminó la primaria, el 26% de los hogares no cuentan con agua entubada y el 70% de la población ocupada obtiene menos de 2 salarios mínimos por su trabajo. En el segundo, 13% de la población mayor de 15 años no terminó la primaria, sólo 3% de los hogares no tienen agua entubada y menos del 24% de la población ocupada gana menos de 2 salarios mínimos. El primero de ellos tiene una tasa de inmigración neta del 3.6%, mientras que el segundo tiene una tasa de emigración neta del 4.5%.

La diferencia en el ingreso per cápita entre ambos lugares es similar al que existe entre México y Estados Unidos, en promedio por cada dólar de ingreso de los habitantes del primer lugar, los habitantes del segundo lugar obtienen 4. De esas dimensiones es la brecha entre Oaxaca y Nuevo León. Dos realidades completamente disímiles, a sólo 1350 kilómetros de distancia y dentro de las fronteras de un mismo país. La brecha se agranda monstruosamente si vemos a su interior.

Hemos citado la cifra antes, el ingreso per cápita (en dólares ajustados) del municipio más rico de Nuevo León es de casi 33 mil, mientras que el ingreso per cápita del municipio más pobre de Oaxaca es de 149. El ingreso de un habitante del primero equivale al ingreso de 220 habitantes del segundo, una proporción dos veces mayor a la que existe entre el país más rico del mundo, Luxemburgo, y el más pobre, Malawi.

Este es y ha sido siempre un mundo de desigualdades y migraciones. No se podría entender nuestra historia sin hablar de los flujos poblacionales entre territorios y continentes. Ya por la guerra, ya por el hambre, ya por la curiosidad. Los tres grandes motores. El Estado-Nación es una invención reciente, como lo son las fronteras infranqueables y la restricción al flujo del trabajo, el patito feo de la economía global.

El pasado 18 de diciembre fue el día del migrante internacional. De acuerdo con las Naciones Unidas hay en el mundo alrededor de 192 millones de personas que radican en un país distinto al de su nacimiento, esto es casi un 3% de la población mundial. Se trata del intercambio lógico entre países con dotaciones distintas de insumos de producción, capital y trabajo. La desigualdad. El mercado hace su trabajo. Se trata igualmente de un proceso cultural único, el encuentro entre lo más local y lo más global, el diálogo casi involuntario entre desiguales, una torre de Babel hecha de escalinatas y pasadizos.

Se trata finalmente de un reto democrático. Los flujos migratorios y las políticas de asimilación selectiva de los países receptores han generado una población políticamente flotante. Individuos que votan con los píes en el origen para carecer de toda posibilidad de ciudadanía y representación en el destino. Poblaciones que aguardan dos o tres generaciones para hacerse de una voz política.

“La pobreza exige, dijo mi abuelo reflexionando en su decisión de migrar a los Estados Unidos”, así inicia el relato de Janet Martínez, una estudiante universitaria de California, nieta de un indio zapoteca que emigró hacia el norte en 1970 para ahorrar dinero, regresar a su pueblo en Oaxaca y comprarse dos vacas, quien se hizo acreedora al primer lugar en la categoría de 12 a 20 años del primer concurso ‘Historias de Migrantes. México-Estados Unidos’. A Janet ya no es la pobreza lo que le exige, sino la inquietud de ser, de poder ser. No otra cosa es la libertad.

17.12.06

Rimming y Rimando

Fue uno de esos descubrimientos semánticos que saben a más. Discutía con un perfecto desconocido sobre lo que es cultura y yo me aferraba con pasión a la idea de que lo que no fluye no es cultura, lo que invalida no pocas salas de concierto y galerias de martini.

Enfrentado a mi aferre, el susodicho me dijo, 'me vas a salir con que hasta lo más sórdido puede ser cultura'

A lo que yo, o una parte de yo, respondí: '¡Claro! como rimming y rimando'

Métrica, palabras ajustadas al sonido y alguien en posición muy incómoda...Sublime!

'Qué es rimming?' me respondió...

Agh, las barreras del lenguaje...

14.12.06

La Precocidad (o qué tal estos chamacos!)

Por azares del destino (y las ganas, que nunca faltan), caí en una cadena de blogs escritos en exclusivo por una juventud que no parezco encontrar por ningún otro lado. No sé si sea una tendencia de la que simplemente no me he enterado o se trata, como sospecho, de un quasi club de Toby tecleador y conmovedor.
Muchos de sus miembros pertenecen a estas generaciones misteriosas de diseño y comunicación de la UNAM, aunque hay por ahí un par de miembros aleatorios, como un paisano en Phoenix, otro en NYC, uno más en Berlín y hasta una niña preparatoriana de escuela bien, de familia bien, con carita de Belinda y actitud de Lucha Reyes.
La diferencia con mi experiencia profesionalizante es enorme. Lo mio fue ir al CIDE, a convivir con los mismos 20 gatos por 5 años...gelatinas institucionalizadas. El texto con tinta y escarbándose sabrá Dios que ausencias.
No, estos niños se recrean munditos y risas, soplan al pastel con total indiferencia y le dan a este país un par de soplamocos muy bien puestos.
La cadena es auto-contenida...(me limitaré a los trascendentales)

Empecé por Caleidovisión, hoyo negro de un chamaco que resultó ser vecino mío, pero a quien no he tenido el placer de conocer, que se ha proclamado Primera Dama legítima de México y medita casi con ansiedad sobre el cine y la sub-estimación de Sofia Coppola como cineasta...(I mean!)

El propio joven que se quema y lo contempla me dio el vínculo a la chicuela que se asume como Melcocha Barata, sublime tautología, porque se sabe que toda melcocha carece de valor de mercado y se limita a ser azúcar mal quemada. La pluma de la melcocha no tiene un gránulo de desperdicio. Y cito: "De nada sirvieron las pláticas intrigosas donde se criticaba con ardor a la prima que se besuqueaba en el rincón y usaba calzones negros o a la que no le daba pena decir que ya menstruaba. " y concluye tenáz "Y el cálculo renal no es más que una alegoría inducida o unos besos que provocaron histerias innecesarias y conjeturas adolescentescas. Culpa de la noche, del alcohol y de la primavera precoz o tardía. A saber. No se enoje que no es para tanto." ¿Quién podría en su sano juicio enojarse ante tal colección de intencionalidad?

El camino pasa por uno de los mejores, auto-nombrado Yo Mismo (¡tiembla creatividad!) y auto-definido como Cronopio Apachurrado, otra obviedad reveladora, el cronopio hecho mierda por un mundo de famas (el eterno regreso a Cortazar, sí señor). El Cronopio este diserta sobre su vida de oficinista condenado a los espacios meta-laborales, y recurre con muchísimo éxito al humor que a mi me arrancó las más sinceras carcajadas desde la caída de Juanga.

Mención especial merece Chidoguán (por qué me retiré del vicio), avecindado en la horripilante New York Shity (coladera en la que pasé casi 5 largos años de mi finita existencia). Pero al muchacho le asiste la impermeabilización, cito: "Los gringos tienen cuarenta y tres palabras para nombrar el concepto de "cerveza", veintisiete para "televisión" y catorce para "lucro". No tienen palabra para "descuajaringar". Y eso que vive a escasas 2 cuadras de NYU en una callesita llamada Cornellia St, cuyo mayor atractivo son los jugos de la esquina.

De la preparatoriana bien Zombie en un Frasco se agradece la capacidad de explicitar la orfandad de las élites nacionales que sufren de una excesiva capacidad de consumo y una inflamación alarmante en la parte del cerebro que se encarga de ignorar: "Oh, soy tan pendejamente hermosa."

Concluyo el tour post-adolescente pre-descalabro con el fulano que en el nombre lleva la penitencia: Sala Verga (por que como sabemos nada reconforta más que la certeza de mandarse a o agarrarse la o ambas). El autor radica en Phoenix (razón de sobra para ponerse negro), y su táctica es sencilla pero exitosa: temas inmediatos, lenguaje ineditable y frases levanta-cejas. Para muestra un botonazo: La viejita cagapalos...

Refreshing!

13.12.06

Pinochet sin Excusas (Publicado en Excelsior, 13/12/06)

“Habla el Presidente de la República desde el Palacio de La Moneda. Informaciones confirmadas señalan que un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y que la ciudad estaría ocupada, lo que significa un levantamiento contra el gobierno, del gobierno legítimamente constituido, del gobierno que está amparado por la ley y la voluntad del ciudadano.” Con esas palabras comenzó el Presidente Salvador Allende su serie de mensajes radiofónicos aquel 11 de septiembre de 1973. La radio se convirtió para Allende en el único medio para hablar con el pueblo chileno y aquellos mensajes se convirtieron en historia viva, el relato de un hombre entristecido, defraudado y traicionado.

La tristeza se comparte, junto con el resentimiento contra quien encontró en la cobardía y los cañones los medios para tumbar las ideas de un Presidente democráticamente electo. La presidencia de Allende ha sido usada ad nauseum como la evidencia número uno de las deficiencias institucionales de los regímenes presidenciales. Un gobierno minoritario –Allende fue electo con sólo 36.6% de los votos y con una distancia mínima de 2% sobre el candidato de la derecha- sin mayoría en el Congreso. La historia es conocida: parálisis gubernamental, polarización social y la ausencia de mecanismos institucionales para modificar el status quo.

Los regímenes parlamentarios pueden llamar a nuevas elecciones y formar un nuevo gobierno. En cambio, nos cuentan que en los regímenes presidenciales se termina por buscar destrabar los nudos institucionales por medios no institucionales. Los golpes de estado aparecen como resultados casi lógicos de la combinación malévola de un Presidente electo por mayoría simple y un Congreso electo por el principio de representación proporcional. El eterno gobierno dividido. Ya sabemos que las instituciones definen escenarios e incentivos, pero las culpas permanecen en los hombres. Nada los obliga a la usurpación, la deslealtad o la violencia.

América Latina ha sido el reino de los usurpadores. De quienes han visto en el gobierno un motín personal o ideológico (o ambos). Augusto Pinochet fue uno de ellos, con todos sus adjetivos: traidor, dictador, asesino y cobarde. De derechas o de izquierdas, lo mismo, odiosos.

Hay quienes buscan matices. Nos dicen que fue un dictador, pero un dictador popular. Como si en el apoyo ambulante y pancartero se encontrara algún tipo de legitimidad. También nos cuentan de sus éxitos económicos. El Washigton Post afirma sin pudor: “Augusto Pinochet torturó y asesinó. Su legado es el país más exitoso de Latinoamérica.” Como si lo uno fuera causa o excusa de lo otro. Como si no supiéramos que el desarrollo no pasa por la negación de las libertades. Como si no supiéramos que bajo Pinochet el PIB per cápita real de los chilenos creció en un 2% promedio anual, mientras que bajo los gobiernos democráticos a partir de 1990 lo ha hecho a una tasa cercana al 5%. El éxito chileno le debe poco a Pinochet y sus Chicago Boys, y mucho a la capacidad de los socialdemócratas para formar coaliciones de gobierno estables y priorizar la inversión en capital humano.

Pinochet murió y no hay residuos de alegría. Su muerte nos recuerda sólo lo que somos capac de hacernos, lo que no debemos olvidar, lo que no podemos volvernos a permitir: “El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.” Era la voz de Allende antes de darse uesn tiro a solas en la Casa de la Moneda. “Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.” Y así fue.

12.12.06

La Condesa (o la condena de querer ser)

Escribí, comí y fumé en la Condesa. Es una condena, no por querer ser, sino de poder ser. En esta ciudad los cafés con inalámbrico se cuentan con los dedos de los pies. Me vi forzado a pensar mi odios al lugar. Es la condena de querer ser. La condesa vive de treintañeros caducos prematuramente. Los no jóvenes con la capacidad de consumo para vestirse, adornarse y laptearse como los cánones del consumo inmediato indican que la juventud se debe vestir, adornar y laptear. Boina, bota, jean old-looking, Ipod, Lap (apple please), chamarrita corta (portada con total indiferencia), gafa gruesa que disfraza de miopia la intencionalidad, mochilita cruzada...
Personajes que encuentran en el disfráz la posibilidad de ser personaje. Orfandad redonda. Orfandad repetida. Orfandad huérfana!
Lo estético pasa por los dígitos. El pasado pasa por la prueba insuperable de la simulación. El mundo es kitch. Esto es, lo que no pasa por la publicidad es kitch. Concepto simplón de quienes desde una occidentalidad asumida asumen que el resto es objeto de indagación curiosa y burlona. Los Tigres del Norte, Laura León, Frida Kahlo, Rigo Tovar, Cepillín, la Sonora Santanera, todo kitch. La cultura viva, como sólo puede ser, es kitch.
Los nacos son kitch también, por mera reducción al absurdo. El naco ha sido despojado de su capacidad de serlo. Lo naco nunca pudo ser real. Lo naco es sujeto de imitación y risa. Lo naco es un mito. Lejano, ausente, que viaja por otros medio, que come otras cosas, que habla de mundos que son igualmente míticos.
La Ciudad de México es una obscuridad. Todo fuera de los límites claros del circuito Coyoacán-Del Valle-Nápoles-Roma-Condesa-Polanco-Lomas-Palma-Interloma-Santa Fé es la nada. Una colección de aglomerados seres que provocan algo entre la intriga y la indiferencia. Ese algo existe.
Conclusión: no más.

6.12.06

El Que Dirán (Publicado en Excelsior 06/12/06)

Nos preocupa, es innegable. La percepción que otros se formen de nosotros nos inquieta. Queremos ser aprobados, reconocidos y hasta queridos. El qué dirán es criterio para comportarnos, para interactuar, pero sobre todo para evadir cuestionamientos, juicios o mofas. En México el cuidado de nuestra imagen al exterior fue central bajo el régimen de partido hegemónico. El PRI fue un maestro de la imagen. México se veía como un país ordenado, estable y progresista. Pocos regímenes no democráticos se han ganado niveles de aprobación y reconocimiento internacional como el mexicano.

A la toma de protesta de los presidentes priístas acudían los líderes de casi toda América Latina, incluido Fidel Castro, y su cobertura en la prensa internacional tenía siempre un tono de moderada aprobación. En el 2000 el tono cambió a franca celebración. La prensa internacional escribía con alegría por el síntoma más claro de la transición democrática mexicana. Las imágenes del 1 de diciembre del 2000 mostraban un México festivo, el primer Presidente de la oposición sonriente en la tribuna del Congreso y los congresistas de la oposición en calma aprobatoria.

Dicen que una imagen cuenta más que mil palabras, y dicen bien. La fotografía más repetida en la prensa internacional del 1 de diciembre del 2006 no muestra un México festivo. En ella se ve a un diputado del PRD con chamarra de cuero y pantalones de mezclilla, un silbato en la boca no se sabe si para tener voz propia o para acallar otras voces, que forcejea con una diputada el PAN, perfectamente peinada y vestida para la ocasión. Forcejean sin mirarse.

Una de las angustias recurrentes en México en torno al pasado 1 de diciembre, ha sido su impacto en nuestra imagen al exterior. Lo cierto es que la cobertura internacional fue más bien tibia. Aparentemente no sólo los mexicanos estamos fatigados de la puesta en escena que hemos visto desde el 2 de julio. Las notas de los diarios internacionales se limitan a lo indispensable, aunque acompañan la información en sus sitios de Internet con toques multimedia: galerías de fotos con diputados gritando, empujando o ambos; y videos que muestran a Felipe Calderón tomando protesta entre silbatos o bien a López Obrador en el Zócalo gritando al cielo.

El New York Times confirma que nunca en la historia reciente mexicana hubo una toma de protesta similar y subraya que la ceremonia duró sólo 4 minutos. El Washington Post enfatiza que el Presidente Calderón gobernará en un país divido y por ello afirma que no ignorará las razones detrás del quienes votaron por otra opción. La cadena CNN entrevista al ex presidente estadounidense George Bush quien no se declara preocupado por la situación porque al final “todo va a salir bien”. Por su parte, el gobernador de California bromea que lo visto desde las alturas de la Cámara de Diputados fue “buena acción”. La BBC también entra al chacoteo y relata sobre los diputados mexicanos que “no fue exactamente algo a la Mike Tyson, no hubo knockouts”.

Junto con la narración tragicómica de la toma de protesta, los medios internacionales también contaron a detalle otra historia. La de un país con instituciones políticas deficientes, que inhiben la representación política plena y la rendición de cuentas. La de un país desigual, pobre e inseguro. La de un país que exporta mano de obra como ningún otro. La de un país maniatado por los monopolios públicos y privados.

Ante el mundo México tiene un cuerpo adolescente, en transición, con partes que crecen a distintos ritmos, coyunturas que duelen, rebeldías que despiertan y, con suerte, futuros que sanan.

29.11.06

1990-2015 (Publicado en Excelsior 29/11/06)


Lo sabido. En el mundo hay miles de millones de pobres. La distribución de la pobreza es desigual entre los países del mundo. La pobreza inhibe el crecimiento y genera pobreza. Existe pues una brecha en los niveles de riqueza entre países y regiones del mundo. Sin embargo, ha existido también una diversidad de tendencias de crecimiento entre los países pobres, que indica que no todos los países pobres han permanecido pobres. Las historias de éxito son muy pocas y muy conocidas: Botswana, Chile, Corea del Sur, Taiwán y Japón.

La distribución del ingreso en el mundo se ha movido de una distribución con la mayoría de países aglomerados en niveles intermedios en 1950, a una distribución con dos grupos separados, un grupo de países de ingreso medio y alto, y un grupo enorme de países con ingresos bajos y muy bajos (Ouah, 1996). Las explicaciones son muchas, desde la condena a términos comerciales desventajosos sin efectos positivos para el crecimiento de los países pobres, defendida en su momento sobre todo por Raúl Prebisch, hasta el argumento de Paul Krugman que sugiere que la selección entre un equilibrio económico ‘pobre’ y uno de ‘crecimiento’ depende de las condiciones iniciales de los países y la capacidad del Estado para coordinar las expectativas de los actores económicos, una profecía auto-cumplida.

Hablar de pobreza o distribución de ingresos no deja de ser una abstracción. Los efectos concretos de la pobreza se viven y se sufren: desnutrición, mortalidad infantil, mortalidad materna, acceso limitado a servicios sanitarios y agua, viviendas irregulares, empleos precarios, y bajas tasas de escolaridad. La pobreza inhibe el desarrollo de capacidades individuales de desarrollo. La pobreza niega el ejercicio de libertades y derechos individuales.

La pobreza es pues un problema global. Bajo esta concepción se firmó el 8 de septiembre del 2000 la Declaración del Milenio de la ONU, que establece una agenda mundial para el mejoramiento en la calidad de vida de la población, mediante el cumplimiento de 8 objetivos básicos asociados a los temas de pobreza extrema, educación básica, equidad de género, mortalidad infantil, mortalidad materna, VIH/Sida y otras enfermedades, sustentabilidad ambiental y cooperación económica global. No sólo se trata del primer ejercicio consensuado para el desarrollo mundial, sino que los objetivos de desarrollo del milenio (ODM) establecen metas concretas y medibles para evaluar su cumplimiento, comparando indicadores entre el año de referencia 1990 y el año de término 2015.

Justamente como parte de este ejercicio de monitoreo y evaluación, el gobierno de México y el Sistema de Naciones Unidas presentan hoy el informe de avance 2006 de los ODM en nuestro país. En México, siendo un país de desarrollo medio, el cumplimiento de la mayoría de las metas obligatorias no ha representado un reto serio. No obstante, el informe es claro en señalar las áreas en las que presentamos aún evidentes problemas: desigualdad alimentaria, eficiencia terminal y calidad educativa en niveles educativos de secundaria y preparatoria, mayor equidad de género en los cuerpos de representación política, mortalidad materna, y el desarrollo de políticas sustentables de crecimiento.

Para sorpresa de pocos, el problema central en México es la desigualdad. Los indicadores nacionales usados para la evaluación de metas esconden profundas disparidades entre regiones, zonas rurales y urbanas, y sobre todo, entre población indígena y no indígena. Los mexicanos contamos con capacidades terriblemente desiguales para desarrollarnos y ejercer nuestros derechos y libertades. El gobierno mexicano tiene el reto de hacer suyos los ODM, institucionalizar su cumplimiento y hacerlo mediante la reducción de las brechas de desarrollo entre mexicanos.

22.11.06

Adios a mi Adrelanina (Publicado en Excelsior 22/11/06)


Se acabaron las masas dirigidas, coordinadas y uniformadas. Esos veintes de noviembre sincronizados hasta en los significados. El Estado autoritario que veía en la burocracia vestida de pants un síntoma innegable de progreso y bienestar. Las cartulinas que formaban precisas ya el rostro de Madero, ya la silueta de Villa. La dualidad revolucionaria que permanece. La revolución mexicana que se movía en pausas, in-ti-tu-cio-nal-men-te.

Llegó la lucha por sus significados, por la colocación emocional de nombres entre justos y pecadores. Los demócratas contra los caudillos. Los contenidos sociales de la Revolución contra sus sentidos institucionales. Tenía razón Carlos Fuentes cuando apuntaba que uno de los sentidos de la Revolución mexicana fue desenterrar aquel espejo con que nos encantaron nuestros padres españoles para vernos por vez primera como mexicanos: resentidos, olvidados, asombrados, y como siempre, alborotados. Ese espejo no lo hemos vuelto a enterrar.

¿Somos aquel México lúcido y preciso que lee a Madero y busca su redención? ¿Somos aquel México bronco y polvoso que lee signos en los montes y transforma la búsqueda en orfandad? ¿Somos la cercanía que abraza o la cercanía que golpea?

El 20 de noviembre se nos presentó como un acto de elección. Las puertas cerradas de Los Pinos o la plataforma dispuesta del Zócalo. En Juárez y su continuación, Madero (chiste histórico-peatonal) la venta de banderines, muñecos de López Obrador, la película de Mandoki, gorras, tazas, de a 5, de a 10 y hasta de a 20 pesos. La pobreza encuentra formas de reírse en el espejo. “De norte a sur, de este a oeste, ganaremos esta lucha, cueste lo que cueste” grita la gente que se encamina como yo a un Zócalo repleto y pletórico como trabalenguas.

Los gritos siguen su orden, “sufragio efectivo, no Calderón”. Por fin, la figura de López Obrador en las pantallas (¿dónde más?), “¡señor del sombrero de campesino, quíteselo para poder ver!” exige una citadina disfrazada de huipil (aunque seamos del mismo barro…). La presentación del gabinete legítimo y de nombres inmejorables, Secretaría del Patrimonio Nacional, Secretaría de Asentamientos Humanos y Vivienda (como dos cosas distintas), Secretaria de Honestidad y Austeridad Republicana.

Andrés Manuel sube al estrado y una voz femenina nos pide que lo sigamos “recibiendo como se merece”, “¡Presidente! ¡Presidente! ¡Presidente!” responde la multitud afirmativa. Es la hora del himno nacional acompañado de manos que forman una V de victoria (y de voto devoto). De inmediato, la entrega de una especie de diploma de manos de Elena Poniatowska, justificación para la foto frente al águila juarista, como oposición al “águila mocha” (la batalla de los símbolos pasa por el tamaño de las alas). ¡Ay los nervios! sale Doña Rosario Ibarra con un retazo en la mano, “¡ya se la está poniendo!” grita nuevamente la del huipil. La imagen no miente, Andrés Manuel tiene ahora cruzada una banda presidencial, “¡Se ve, se siente, tenemos Presidente!”

Imposible no dejarse llevar por el momento, imposible no concluir su absurdo. Envidia de quien tiene fe y lo celebra, envidia curiosa envidiar a un ciego porque desarrolla el sentido del tacto. Imposible no ver en el Zócalo el paso final de la Revolución Mexicana a la historia. De un lado, el edificio del Ayuntamiento y los balcones de los hoteles, llenos, amarillos, ondeantes. El ruido. Del otro lado, el Palacio Nacional vacío, con las ventanas superiores sin vidrios, y la Catedral de campanas quietas. El silencio.

Este no es un festejo, es una separación. Lo entiendo. Nos sucede a muchos, no podemos separarnos sino es mediante una rabieta. No sabemos renunciar al placer, sino es por el dolor.

15.11.06

Socioconvivamos (Publicado en Excelsior 15/11/06)

El pasado 9 de noviembre la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la Ley de Sociedades de Convivencia que otorga beneficios legales a los miembros de formas de convivencia distintos a los de la familia nuclear tradicional, protegidos ya mediante el matrimonio y el concubinato. Las sociedades de convivencia reconocen simplemente la posibilidad de que dos personas adultas del mismo o de diferente sexo consientan en dar personalidad jurídica a sus vínculos afectivos, en tanto ambos cuenten con capacidad jurídica plena, cohabiten un hogar, tengan voluntad de permanencia y ayuda mutua, y no tengan una relación de parentesco colateral menor a cuatro grados.

La iniciativa de Ley votada establece en su exposición de motivos que “en un Estado democrático de derecho, no existe razón, ni fundamento jurídico alguno, que sustente la falta de reconocimiento de derechos civiles y sociales a miles de ciudadanas y ciudadanos, por causa de la prevalencia de un prejuicio más o menos generalizado respecto de la diversidad sexual y afectiva.” Es decir, no se trata de un asunto moral restringido por la valoración social de las relaciones afectivas, sino de un asunto jurídico en el que el Estado es un agente legal que garantiza la igualdad jurídica de sus ciudadanos.

No otra puede ser la tarea de un Estado democrático. En ello México se inserta en una tendencia que parece irreversible en las democracias del mundo. En 22 democracias del mundo se reconocen legalmente las uniones afectivas entre personas del mismo sexo, ya sea local o nacionalmente. Asimismo, hay ya 5 democracias en las que existe al matrimonio gay con todas las prerrogativas legales: Bélgica, Holanda, Canadá, España y apenas desde ayer, Sudáfrica. Los compromisos entre libertad y moralidad son curiosos e incómodos. Lo he dicho antes, si se restringe el matrimonio a parejas heterosexuales, pero se permiten uniones civiles a parejas homosexuales, ello implica que podemos distinguir entre elementos legales y morales del matrimonio, y peor aún pone al Estado democrático como garante de los segundos.

La aprobación de la Ley de Convivencia abre en México un debate indispensable sobre las extensiones de nuestra democracia y sus puntos de encuentro con argumentos –aún- morales. No hablo de la iglesia que puede sólo nombrar, excluir y condenar. Yo no soy un hombre de Dios. Hablo de quienes desde los editoriales disfrazan miedos morales con preocupaciones sociológicas. El argumento predilecto es el deterioro del matrimonio heterosexual, su abandono por formas ‘alternativas de convivencia’, en las que las familias no tradicionales se tornan predominantes y los hijos no nacen en imágenes de calendario, sino en hogares con padres no casados.

Esta evaluación no sólo es empíricamente errónea, sino que se origina de una concepción moral de los afectos que se encuentra a años luz de todo entendimiento liberal y democrático de la política. En primer lugar, el matrimonio heterosexual ha venido mostrando signos de debilitamiento desde mucho antes de siquiera comenzar a hablar del matrimonio gay. En segundo lugar, es inaceptable pensar que el ejercicio pleno de los derechos de una mayoría pasa por la negación de esos mismos derechos a una minoría. En tercer lugar, ni el matrimonio es la base de la familia, ni la familia es la base de la sociedad, una sociedad democrática se compone de individuos en igualdad de capacidades para ejercer su libertad, que incluye libertades afectivas y reproductivas. Finalmente, no es tarea del Estado definir los patrones de conducta privada de sus ciudadanos, sino proveer de la igualdad y protección jurídicas como lo que son, bienes públicos no divisibles. ¡Socioconvivamos!

11.11.06

¡A la Horca! (Publicado en Excelsior 08/11/06)


El primer juicio contra Saddam Hussein iniciado en octubre de 2005 llegó a un veredicto y un castigo. El pasado domingo el Tribunal Criminal Supremo de Irak declaró a Hussein culpable, entre otros, de los delitos de asesinato premeditado, falso encarcelamiento, y expulsión forzada de residentes en contra de la población de al-Dujail. El castigo impuesto por el Tribunal, la pena de muerte por ahorcamiento, abre un debate legal sobre la aplicación de la pena de muerte en casos de crímenes contra la humanidad, así como sobre la legitimidad misma del Tribunal y la estructura legal en Irak.

El Tribunal encargado del juicio contra Hussein surgió como una corte especial establecida por fuera del sistema judicial irakí por las fuerzas militares ocupantes llamado Tribunal Especial Irakí, en octubre de 2005 el gobierno interino de Irak modificó su estatus legal y dio lugar al actual Tribunal. No obstante, los cuestionamientos sobre su legitimidad legal continúan. Su veredicto será ahora revisado por un panel de nueve jueces en una corte de apelaciones, si esta corte confirma la sentencia, ésta deberá posteriormente ser ratificada por el Presidente Jalal Talabani y los dos vicepresidentes. De ser ratificada, la muerte de Saddam podría ocurrir a inicios del 2007.

Curiosamente, para George Bush el veredicto del Tribunal es un logro del pueblo irakí para “reemplazar el gobierno de un tirano por el Estado de Derecho”. En contraste, la Unión Europea se ha unido para declararse en contra de la pena de muerte, “contra Saddam Hussein o cualquier otra persona” como lo declaró Tony Blair.

Sabemos que los gobiernos en transición requieren hacer una revisión de su pasado autoritario y establecer mecanismos de justicia para castigar los abusos ocurridos. Lo que no queda claro es si el sistema judicial Irakí actual, que no es el de una democracia, puede proveer los beneficios de la justicia transicional. Lo que sí sabemos es que la muerte de Hussein difícilmente será un factor que ayude al fortalecimiento del Estado de Derecho y la democracia en Irak.

Se dirá que la guerra es la guerra y se dirá mal. En efecto, el destino de los gobernantes cuando pierden una guerra difiere entre democracias y autocracias. Por ejemplo, el internacionalista H.E. Goemans encontró que entre 1816 y 1975 de los 152 autócratas que perdieron una guerra, 39 fueron derrocados y castigados.

Ahora bien, si analizamos la base de datos Archigos generada por el propio Goemans junto con Kristian Gleditsch y Giacomo Chiozza que contiene el destino de los líderes políticos del mundo entre 1875 y 2004, vemos que de los 549 líderes que llegaron al poder por medios irregulares, 20 fueron derrocados por otro Estado y 252 perdieron el poder por medios irregulares, 47 de éstos por ejecución.

Ahora, la pregunta obvia es ¿Cuántos de los líderes que han sido depuestos por otro Estado después de perder una guerra han sido ejecutados posteriormente? La respuesta es simple: ninguno, aunque 38 han sido exiliados y 14 encarcelados. La muerte de Hussein sentaría un precedente histórico, no precisamente positivo.

En primer lugar, es inaceptable que una democracia que derroca a un dictador identifique en su ejecución un paso hacia la democracia en el país invadido, implicaría no poder distinguir entre la justicia y la purgación. En segundo lugar, la ejecución de Hussein en poco ayudará a la estabilidad en Irak, y por el contrario, puede comprometer la participación Sunita en el gobierno de coalición. Finalmente, se abriría una nueva y costosa grieta diplomática entre Estados Unidos y el resto de las democracias del mundo. Las democracias no se construyen con horcas y cadáveres. Que se castigue a Hussein sin que se castigue de paso a una democracia que ni ha nacido.

1.11.06

El Fin de la Era Bush (Publicado en Excelsior 01/11/06)

¿Se imagina usted al Presidente Fox de gira por los distritos electorales en campaña a favor de los candidatos del PAN al Congreso? Difícilmente. Ahora imagine a Vicente Fox declarando que si gana la oposición el país entero pierde, ¿Podríamos pensar en un síntoma más claro de un país dividido y polarizado? ¿De un Presidente desesperado e imprudente? Pues bien, eso es justamente lo que ocurre en estos días en Estados Unidos. El Presidente Bush se encuentra de gira por distritos electorales en los que la competencia entre los candidatos demócratas y republicanos se encuentra más cerrada. Distritos que solían ser además fortalezas conservadoras.

La desesperación es madre de torpezas e imprudencias. El discurso de George Bush se ha vuelto extremo y burdo, “como quiera que lo pongan, la política demócrata en Irak se reduce a esto: los terroristas ganan y América pierde”. La estrategia ya es conocida por el votante estadounidense, el mundo se divide en dos categorías, buenos y malos, el mundo es también una fuente infinita de amenazas y sólo Bush puede proveer protección contra ellas. Discurso básico, tedioso y agotado.

La elección intermedia del próximo martes es crucial. Los republicanos han tenido una mayoría en la Cámara de Representantes desde 1994, lo mismo que en el Senado (con excepción del periodo 2000-2002). Para revertir la mayoría en la Cámara de Representantes –compuesta de 435 legisladores- los demócratas tienen que hacerse de 218 escaños, 17 más de los que tienen actualmente. De acuerdo a las encuestas más recientes, los demócratas aventajan en 215 distritos. Así, con ganar en 3 de los 15 distritos que se encuentran ‘empatados’ los demócratas se harían del control de la cámara baja.

En el Senado la situación es más compleja. Se encuentran en disputa un tercio de los 100 asientos que lo componen. Para tener una mayoría los demócratas necesitan 8 nuevos asientos controlados actualmente por los republicanos. Las encuestas indican que los demócratas podrán arrebatar una senaduría a los republicanos en Maryland, Pennsylvania, Rhode Island, Ohio, Minnesota y Montana, 6 en total, lo que los obliga a ganar en al menos 2 de las 4 elecciones para el Senado más cerradas: Missouri, Tennessee, Virginia y New Jersey; teniendo mayores oportunidades en estos dos últimos estados.

Un dominio demócrata en ambas cámaras se ve cercano. La fórmula electoral del Presidente Bush parece haberse agotado. El discurso del miedo, el ‘ahí viene el coco’, perdió efectividad frente al evidente fracaso de la política en Irak. La movilización electoral de las bases conservadoras mediante el posicionamiento de temas controversiales ya no es automática, ni en el asunto migratorio, ni en las iniciativas para prohibir el matrimonio gay.

Así, los últimos dos años de gobierno del Presidente Bush pueden ser complicados por tres razones. En primer lugar, de acuerdo a la más reciente encuesta del pasado 29 de octubre de la cadena CNN sólo 37% de los estadounidenses aprueban el desempeño de Bush, mientras que 58% lo desaprueban. En segundo lugar, esta baja aprobación se debe en mucho a una percepción de incompetencia respecto a las acciones en Irak y la guerra contra el terrorismo, temas en los que el gobierno de Bush carece de salidas alternativas. Finalmente, a lo anterior se agregaría una situación de gobierno dividido en la que el Congreso se encuentre ahora en manos de los demócratas. Bajo este escenario, el de Bush será por dos larguísimos años un gobierno impopular, aislado y paralizado. El 2008 empieza este martes.

25.10.06

Fox y el Mantra (Publicado en Excelsior 25/10/06)

Es una ironía, el Presidente Fox posicionó como pocos presidentes en México a la política exterior en el centro de su agenda. Era parte de una ilusión, la idea de que el bono democrático alcanzaba para todo dentro y fuera de nuestras fronteras. El delirio de un hombre que veía grandes cosas para su país en el futuro. Por fin nos habíamos quitado el yugo del partido hegemónico, el cielo era el límite. Fox no escatimó palabras y planes. Con una honestidad a la que simplemente no estábamos acostumbrados nos confesó que en México política exterior significa relación bilateral con Estados Unidos.

También para nuestra sorpresa, Fox trajo el tema migratorio al centro de la agenda bilateral. El mantra era conocido: una política exterior que no sirve a fines domésticos, no sirve. Mantra: conjunto de sílabas sin significado que se repite casi instintivamente para conseguir un logro. La cumbre de la fe. Los deseos, la palabra y la repetición de ambos son un instrumento para cambiar al mundo.

Cándidos veíamos las fotografías de Fox y George Bush en el rancho San Cristóbal en febrero de 2001. Dos hombres hechos para el apretón de manos. Dos rancheros desparpajados. Fox ex-gobernador de uno de los principales estados expulsores de mano de obra mexicana, Bush ex-gobernador de una de los principales estados receptores de mano de obra mexicana. El destino parecía conspirar a nuestro favor. Las sonrisas, las declaraciones, la voluntad (y el mantra).

El resto es historia. La acumulación de meses y años nos aleccionó sobre la inutilidad de buenos deseos y palabras. Siete meses después de la visita de Bush al rancho San Cristóbal, Estados Unidos sufrió el peor ataque terrorista de su historia. La agenda diplomática estadounidense se modificó por entero. Una vez que hubo razones para el miedo, ya no hubo razones para nada más.

El resto de la agenda exterior del Presidente Fox se redujo a la participación activa de México en foros multilaterales, la promoción de la cooperación económica y –vagamente- el impulso a los derechos humanos. Una colección de giras, declaraciones y sí, confrontaciones. La imagen era confusa, el Presidente parecía mantenerse demasiado ocupado en el exterior, pero sin una idea clara de sus fines diplomáticos. Como quien encubre en el movimiento la ausencia de dirección. La abuela tenía razón, a veces es más temible de los hombres es un miope con iniciativa: un chivo en cristalería.

La política exterior mexicana aparece hoy atomizada y carente de metas claras. No se trata de una nostalgia por el pasado, se trata de una ansiedad por el futuro. Los pendientes que Fox deja en materia de política exterior no son menores. En Primer lugar, la consecución de un acuerdo migratorio con Estados Unidos y Canadá que formalice las complementariedades laborales de los tres países en el marco del TLCAN. En segundo lugar, la recomposición de las relaciones con América Latina, no como una reparación de daños, sino como una reconsideración de nuestros objetivos políticos y económicos en la región. En tercer lugar, un replanteamiento de la participación de México en los espacios multilaterales de cooperación.

Estos tres objetivos ni son novedosos, ni están disociados entre sí. México no será capaz de negociar en mejores términos con Estados Unidos, mientras no asuma una posición de liderazgo regional y de protagonismo global. Ello implica un acercamiento formal hacia Latinoamérica, pero también la disposición a asumir los costos derivados de una diplomacia proactiva, entre ellos el envío de tropas en misiones multilaterales de paz, no la repetición extenuante de mantras inútiles.

18.10.06

Los Creyentes (Publicado en Excelsior 18/10/06)

Ahí andan, deambulan por las páginas de periódicos y revistas. Expertos de la división binaria del mundo, bueno y malo, blanco y negro, aplauso y abucheo. Encontraron en las plataformas políticas de la elección del 2 de julio la justificación perfecta para dar rienda suelta a sus simplicidades. Ya a la izquierda, ya a la derecha. Ya por que encuentran en el Estado al actor central de la economía y en los ciudadanos a sus hijos dependientes. Ya por que encuentran en el mercado la fuente de todas las bendiciones y en el Estado un obstáculo. Son creyentes, y los creyentes no cuestionan, no reflexionan, pregonan y hacen gala de su fe.

Su ejemplo por excelencia es China, que desde 1979 cuando modificó su política económica ha crecido sistemáticamente a tasas alucinantes. Por ejemplo, entre 1979 y 2002, en términos reales, mientras México creció a una tasa promedio de 2% anual, China lo hizo a una tasa de 6.5%. Aunque por supuesto, en 1979 México era ya un país de ingreso medio con un ingreso per cápita real de $5, 621 dólares, mientras que China tenía un ingreso per cápita real de sólo $879 dólares. El efecto marginal de las políticas de crecimiento simplemente no puede ser el mismo.

La historia que nos cuentan es simple, China abrió sus fronteras, la inversión llegó masivamente y se incrementó la productividad. Mientras tanto, estudios académicos han probado que China abrió su comercio lenta y muy selectivamente, que la inversión se ha limitado a unas pocas regiones y ciudades, y que el crecimiento chino no se debe a un incremento en productividad, sino a la movilización masiva de factores de producción, posible gracias a un sistema de gobierno autoritario y represor.

En efecto, el crecimiento chino ha implicado una reducción masiva en la pobreza extrema de aquel país. De hecho, China representa el 75% de la reducción de la pobreza en el tercer mundo. Este ha sido un efecto básicamente rural, mientras que en 1978 había 250 millones de pobres extremos en el campo chino, para 2002 el número era de 28.2 millones. Esto se debe a políticas de reducción de la pobreza por parte del Estado chino, entre ellas, la inversión en infraestructura, educación y salud. En contraste, ha habido un incremento notable en la pobreza urbana, en la desigualdad entre el campo y las ciudades, así como en la desigualdad entre los hogares dentro del campo y dentro de las ciudades (ver Ximing Wu y Jeffrey Perloff, 2004).

En suma, el crecimiento chino y su traducción en desarrollo han pasado por el Estado y sus políticas sociales. Si algo ha tenido China los últimos 25 años, es Estado, más que mercado. Por otro lado, es claro que el gobierno chino tendrá en el futuro inmediato que afrontar los efectos desiguales del crecimiento.

En México las políticas de liberalización económica no han derivado ni en crecimiento ni en desarrollo. Por ejemplo, el crecimiento promedio real en el sexenio foxista no rebasa el 1%, este es el crecimiento promedio más bajo desde la Gran Depresión (y el Maximato). Es evidente que no podemos renunciar a la apertura comercial y económica. Pero es evidente también que el Estado debe asumir un papel protagónico para traducir comercio en crecimiento, y crecimiento en desarrollo. Por ejemplo, mientras que las exportaciones mexicanas crecieron en poco más de un 500% entre 1988 y el 2000, el empleo lo haya hecho en alrededor del 30% y la pobreza se haya mantenido en los mismo niveles. Estamos inundados de políticas públicas ineficientes y regresivas. Vivimos en una democracia que no ha podido ser gobierno ni generar acuerdos. Podríamos empezar por eliminar argumentos morales de la política y buscar sus dimensiones éticas. Los creyentes dividen, impiden y desinforman.

11.10.06

El Hijo Desobediente (Publicado en Excelsior 22/10/06)

Pasa en casi todas las familias, hay hijos dóciles y hay hijos rebeldes. Sucede también que los segundos terminan por acaparar la atención de los padres, y usan su rebeldía como una herramienta de negociación para obtener concesiones por parte de unos padres que no saben ya qué hacer con la ‘oveja negra’ de la familia. Estos hijos problemáticos se quedan en casa de sus padres bajo condiciones permanentes de conflicto. Lo saben: la amenaza, el chantaje, y los inacabables reclamos son la garantía de su sobrevivencia y de la división entre los otros miembros de la familia.

Algo similar ocurre en el caso de Corea del Norte. Particularmente desde 1994, cuando murió el fundador de la República Democrática Popular de Corea Kim Il Sung, y asumió el poder su hijo Kim Jong Il. Ante los cambios evidentes en la política económica china, el fortalecimiento económico y político de Corea del Sur, la modificación en la política geopolítica de Japón y el desmantelamiento del orden internacional bipolar y la guerra fría; Kim Jong Il encontró en la rebeldía de baja escala la garantía para la sobrevivencia de su régimen. Estrategia basada en el gasto excesivo en defensa y en una amenaza inmanente de confrontación militar directa.

La ironía es que esta amenaza es a todas luces no creíble. La utilidad de la amenaza no radica en su implementación, sino en la confrontación que produce entre los actores de la región y los Estados Unidos. Kim Jong Il ha ubicado a China como una madre poderosa y protectora, forzada a responder frente al mal comportamiento de su criatura. Por su parte, China ha encontrado en Kim Jong Il una herramienta de contención regional de los intereses estadounidenses.

El verdadero problema es que este esquema de balance regional obliga a un escalamiento en las acciones del hijo desobediente. La afirmación por parte de Corea del Norte sobre la realización de su primera prueba nuclear pone en riesgo el equilibrio regional. Por un lado, precisa una respuesta rotunda por parte de Estados Unidos, Japón, Corea del Sur e incluso, Rusia. Por otro lado, coloca a China en un verdadero dilema entre sus intereses geopolíticos regionales y su papel en la construcción de un nuevo orden mundial, basado en la cooperación económica y la diplomacia.

La supuesta prueba nuclear Norcoreana es un error estratégico que refleja debilidad más que fortaleza y que ocurre además en un momento peculiar en la región. En primer lugar, Japón y China se encuentran en un proceso de acercamiento evidente, hace apenas unos días el nuevo Premier japonés Shinzo Abe visitó China como una señal inequívoca de las prioridades diplomáticas niponas. En segundo lugar, China y los Estados Unidos parecen haber entendido su complementariedad como actores centrales del orden mundial y particularmente dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un modus vivendi al que no renunciarán con facilidad. Finalmente, Corea del Sur se ha convertido en un actor protagónico de la diplomacia mundial, al punto que su ministro de relaciones exteriores Ban Ki-Moon asumirá con toda seguridad como nuevo Secretario General de la ONU a partir de enero del próximo año.

Veremos sin duda diferencias entre Estados Unidos, Japón y China respecto a las acciones concretas contra Norcorea. Pero lo cierto es que se discutirá sólo el tipo de castigo, no la necesidad de castigar. Ante esto, los días de rebeldía del pequeño Kim tendrán que acabarse.

4.10.06

Esa pared...(Publicado en Excelsior 04/10/06)

La política exterior de la administración foxista termina con lo que sin duda representa un fracaso: la aprobación en ambas cámaras legislativas de Estados Unidos de la resolución 6061 que establece la construcción de un muro en 1,126 kilómetros de nuestra frontera. La apuesta central de la política exterior foxista era evidenciar la cercanía con Estados Unidos y la inserción del tema migratorio en el centro. Hoy, ni tenemos una cercanía más formal con el vecino del norte, ni logramos modificar su postura migratoria.

Por supuesto, no toda la culpa es atribuible al gobierno mexicano. En Estados Unidos la agenda diplomática se monopolizó en asuntos de seguridad. No parecía haber espacio para más. Nuestro error fue quizás no entenderlo. Nos aferramos a una negociación ‘entre hombres’ y no entre gobiernos, seguimos pensando que todo pasa por el Presidente y perdimos la oportunidad de cabildear nuestros intereses en el Congreso. Aún más, no fuimos capaces de elaborar una propuesta de reforma migratoria compartida que priorizara temas de seguridad y abriera la puerta para la formación de una zona de seguridad norteamericana.

Hoy la apuesta del gobierno mexicano es que el Presidente Bush vete la propuesta de Ley. Una apuesta, lo saben, perdida. La apuesta para el gobierno calderonista será explotar los espacios que aún quedan abiertos para una reforma migratoria integral. Gracias al Senador Salazar (demócrata de Colorado) se logró aprobar la enmienda 5028 que anexa al texto de la resolución 6061, la propuesta 2611 referida a una reforma migratoria integral. El tema no está perdido, pero la pelota está claramente de este lado de la frontera.

En política el tiempo lo es casi todo. Cuando se aprobó esta resolución en la cámara baja hubo 283 a favor y 138 en contra, con una clara división partidista. 219 republicanos votaron a favor y sólo 6 en contra, mientras que 64 demócratas votaron a favor y 131 en contra. Esta vez en el Senado hubo 80 votos a favor, 19 en contra y una abstención. De estos 19 votos en contra 17 fueron demócratas, 1 republicano y 1 independiente. Esto significa que de 44 senadores demócratas 26 votaron a favor y 1 se abstuvo. Perdimos aliados demócratas naturales como los senadores Boxer y Feinstein de California, el senador Nelson de Florida, el senador Obama de Illinois, y los senadores Clinton y Schumer de Nueva York.

Por supuesto, los mexicanos no podemos aspirar a formalizar nuestra calidad de exportadores de mano de obra no calificada. Pero es un contrasentido que entre dos países con flujos comerciales libres, medie un muro fronterizo. En efecto, la mejor solución al fenómeno migratorio es la generación de oportunidades generadoras de ingreso en México. Es decir, la traducción de comercio en crecimiento, y de crecimiento en desarrollo. Esta es una tarea del gobierno mexicano, pero de la que nuestro vecino no puede marginarse.

Cuando Polonia fue admitida dentro de la Unión Europea su PIB per capita no rebasaba el 45% del promedio europeo, mientras que su población representaba 11% del total de la Unión Europea. En el 2004, el ingreso de los mexicanos representaba menos del 30% del ingreso promedio de los estadounidenses y su población el 38% de la población estadounidense. Cierto, México no es Polonia ni los Estados Unidos la Unión Europea. Los polacos siempre han sido europeos, nosotros apenas comenzamos a querer ser norteamericanos. En Estados Unidos, Norteamérica se acaba en el Río Bravo, en México, Norteamérica es un concepto indefinido e inquietante…esa pared, que no nos deja ver…

30.9.06

Mexicanos Autoritarios (Publicado en Excelsior, 27/09/06)

Entre los saldos que nos dejó la elección del 2 de julio se encuentra la ‘coyunturización’ de varios analistas políticos. El momento parece no dejarles espacios para la distancia y sucumben resignados ante argumentos fatídicos. Ven un país polarizado y dividido, ven tres presidentes simultáneos, ven movimientos sociales radicales en gestación y en acción, ven las instituciones electorales cuestionadas.

Todo les indica que nuestra democracia puede no llegar a su vida adulta, que este fue un ejercicio fallido, que se nos desmorona a cachitos de intolerancia. Entre los argumentos favoritos, la cultura: los mexicanos no estamos hechos para la democracia. Tenemos una cultura autoritaria, de relaciones verticales de autoridad, de destinos inevitables.

Nos cuentan que la historia nos hizo así, acostumbrados a mandar u obedecer, pero no a dialogar. Mexicanos que imponen o acatan, irrespetuosos de la Ley y cínicos frente a las instituciones, añoramos la mano dura que todo pone en orden. Tan habituados a las reverencias frente al Tlatoani, el Virrey, su Alteza Serenísima, el Emperador, Don Porfirio, mi General, o el Señor Presidente, que ya no podemos enderezarnos y entablar una relación democrática con un presidente democrático.

Así, de acuerdo con varios de nuestros analistas la historia es destino, los mexicanos no podemos funcionar en la democracia. Esta es una opinión equivocada y ofensiva. En primer lugar, no queda claro cómo medir el nivel de autoritarismo en la cultura política. ¿En las encuestas? ¿En el nivel de confianza hacia las instituciones? ¿En la percepción de fraude en la elección? Eso sería inferir preferencias con base en opiniones o acciones. Un pleonasmo inaguantable y estéril. En segundo lugar, estos argumentos asumen que la funcionalidad de las instituciones democráticas depende de factores culturales. Argumento predilecto de dictadores: “Mi país no está listo para la democracia, mi país me necesita”.

Conclusiones como esta les suenan tanto a verdad que se ahorran toda argumentación. ¿Qué síntomas de la ‘cultura nacional’ entorpecen la vida democrática? ¿Cuáles son sus efectos concretos en el debilitamiento de las democracias? Ni una sola respuesta.

Si la historia y sus efectos culturales fuesen el factor determinante para el surgimiento de las democracias no existiría una sola en el mundo, dado que todos venimos de un pasado autoritario. Si como nos dicen, el efecto viene por el lado de la duración de las democracias, entonces tendríamos ciclos inacabables entre regímenes, dado que todas las culturas, todas las religiones, tienen elementos autoritarios.

¿Por qué España, con un largo y reciente pasado autoritario, es hoy una de las democracias más consolidadas del mundo? ¿Por qué Venezuela, una de las democracias más estables de América Latina tiene hoy uno de los gobiernos menos democráticos de la región?

Las explicaciones culturalistas de la democracia son interpretaciones deterministas y simplonas, sin coherencia lógica ni evidencia empírica. Hacen una lectura superficial de los discursos de los políticos y los trasladan al resto de la sociedad.

La democracia puede ocurrir y sobrevivir bajo cualquier entorno cultural, la democracia vive de instituciones, no de rituales. La democracia mexicana no requiere de la conversión cultural de sus ciudadanos -quienes además han probado ser los más prudentes-, requiere de instituciones que permitan el ejercicio efectivo de gobierno y eliminen los incentivos para la consecución de fines políticos fuera del marco institucional.

24.9.06

México 2006: El Mito del País Dividido

Con Marco Morales y Roberto Ponce
(Parte de este texto fue publicado en Este País, Septiembre)

Ya desde las campañas presidenciales se adivinaba un país divido y polarizado, la elección del 2 de julio pareció confirmar esta sospecha. El mapa electoral de México, de acuerdo al resultado de la elección presidencial por estados nos mostró un país dividido en dos. El norte azul con sus islotes amarillos en Baja California Sur, Zacatecas y Nayarit. El sur amarillo, con sus lagunas azules en Puebla y Yucatán. Sin embargo, este país dividido en dos es mucho más complejo. La agregación por estados esconde diferencias entre distritos, especialmente porque nada nos dice respecto al nivel de competitividad dentro de los distritos, su volatilidad y su proclividad a dividir el voto.

¿Refleja la elección del 2 de julio un electorado mexicano más dividido y polarizado que nunca? Si bien hay claros patrones geográficos de distribución de preferencias entre partidos, esta distribución ni es nueva ni es contundente. Detrás del mapa bicolor existen dinámicas claras de volatilidad electoral y división del voto, que reflejan más una democracia joven que aún no encuentra un equilibrio en su sistema de partidos, que una democracia joven y agotada tempranamente en polarizaciones políticas insalvables.

Para mostrarlo, presentamos un ejercicio descriptivo que considera sólo a los tres grandes partidos: PRI, PAN y PRD. Excluimos a los pequeños partidos, en principio, porque ninguno ganó un estado o distrito por mayoría relativa y, segundo, porque los votos de estos nuevos partidos son marginales al compararlos con los votos de los tres grandes partidos (1). Nuestra unidad de análisis son los 300 distritos electorales utilizados para elegir diputados por mayoría relativa. Ello nos permite, por un lado, analizar con mayor detalle los resultados de la elección presidencial y, por el otro, comparar estas tendencias con los resultados de la elección de diputados, tanto en 2000 como en 2006 (2).

En las elecciones presidenciales recientes en México, los resultados de la elección presidencial no se empatan perfectamente con los resultados de las elecciones legislativas. Nótese, por ejemplo, que el candidato presidencial de Nueva Alianza recibió menos de 0.96% de los votos, pero su partido recibió 4.54% de los votos en la elección de diputados.

El tiempo también importa, los partidos se presentan distintos ante un electorado que quizás también ha cambiado. Una comparación de los datos y tendencias en 2006 con la elección de 2000 nos ayudará a identificar con mayor claridad si esta fue realmente “la elección más reñida de la historia”. Pretendemos, pues, evaluar si la elección de 2006 fue tan excepcional como sugieren tanto candidatos como analistas, y si los resultados electorales reflejan efectivamente un país de votantes irremisiblemente divididos.


EL COLOR DE LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL.

El mapa más visto en la elección de 2006, que reproducimos en la Figura 1, muestra un país que se divide claramente en dos regiones, una azul en el norte del país – exceptuando Baja California Sur, Nayarit, y Zacatecas – y otra amarilla en el sur del país – reciprocando la excepción con Puebla y Yucatán. La conclusión es evidente y ha sido la respuesta fácil para calificar la elección: el país quedó irreconciliablemente dividido.

Sin embargo, esta tendencia hacia un norte azul y un sur amarillo comienza a desdibujarse ligeramente al desagregar los datos en los 300 distritos electorales en el país. En términos de distritos ganados en la elección presidencial, el PAN ciertamente ganó casi la totalidad del norte del país. El PRD ganó 9 distritos del norte: los dos distritos de Baja California Sur, el distrito con cabecera en San Pedro (Coahuila), el distrito con cabecera en Guasave (Sinaloa), dos distritos de Nayarit y tres de los cuatro distritos de Zacatecas, en donde perdió el distrito de la capital. Por su parte, el PRI ganó sólo en dos distritos norteños, aquel con cabecera en Compostela (Nayarit), y uno de los distritos con cabecera en Monterrey (Nuevo León).

Aquel centro-sur amarillo que parecía ser dominado por el PRD, no lo fue tanto. El PRI ganó 7 distritos en la región: los 4 distritos chiapanecos de – irónicamente – los Altos, el distrito con cabecera en Teotitlán (Oaxaca), y los distritos rurales de Zacapoaxtla y Ajalpan (Puebla). Por su parte, el PAN ganó la nada despreciable cantidad de 41 distritos en la región asumida como amarilla: los 5 distritos de Yucatán, el distrito de la Ciudad de Campeche, 10 distritos en Veracruz, 11 distritos en Puebla, el distrito de Cuernavaca en Morelos, un distrito en la delegación Benito Juárez del Distrito Federal, 8 distritos del Estado de México (Toluca y los municipios conurbados al noroeste del Distrito Federal), y para rematar, 4 distritos michoacanos con cabeceras en Jiquilpan (origen del Cardenismo), Zamora y uno en Morelia.


EL TIEMPO PASA…

Si comparamos 2006 con la elección presidencial de 2000, la historia tiene puntos interesantes que resaltar. La Tabla 1 muestra que el PRD ganó 66 de los 177 distritos ganados por Vicente Fox en el 2000, lo que explica que el PAN haya ganado 26 distritos menos que en la elección presidencial de 2000. El gran perdedor fue el PRI, que sólo ganó 9 distritos de los 108 obtenidos en 2000 (39 de estos 99 distritos perdidos fueron para el PAN y 60 para el PRD) (3). Notoriamente, el PRD ganó en 126 distritos en los que no había ganado en 2000, mantuvo su triunfo en 14 distritos, y perdió uno.

Este es un país volátil, pues sólo el 45% de los distritos fueron ganados por el mismo partido en ambas elecciones. El siguiente mapa muestra con contundencia que el país transitó de verde-azul en 2000 (4) hacia amarillo-azul en 2006. En otras palabras, la elección de 2006 no es tanto una historia de polarización como de divisiones redefinidas. El electorado por distritos en México no guarda lealtades y se muestra dispuesto al cambio.

La Figura 3 muestra una propensión a la volatilidad en un tercio de los distritos del país. En 2000, el “efecto Fox” hizo al PAN ganar en distritos insospechados, de la misma forma que el “efecto AMLO” en 2006 hizo ganar al PRD en 126 distritos nuevos. Pero el punto más interesante de esta comparación es que, en la elección presidencial, los distritos tradicionalmente priístas en el norte del país fueron ganados por el PAN mientras que el PRD ganó los distritos tradicionalmente priístas del sur del país.

El panismo más leal se ubica en los estados fronterizos, en la zona del Bajío, así como en las áreas metropolitanas de Puebla, Morelia, Veracruz, Campeche y Mérida. El perredismo leal se centra en las delegaciones Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco del Distrito Federal, así como en Michoacán y la costa de Guerrero. Finalmente, la lealtad priísta se mantuvo sólo en los Altos de Chiapas, el sur de Nayarit, la frontera entre Oaxaca y Puebla, y curiosamente en uno de los distritos de Monterrey.

Es decir, el PRI perdió casi todo en 2006 y no ganó nada nuevo. En cambio, el PRD hizo suyos 66 distritos panistas (5) así como 60 distritos priístas (6). Por su parte, el PAN le arrebató al PRD sólo un distrito en Morelia, y al PRI le restó 39 distritos (7).


EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

Entenderíamos muy poco de los resultados de la elección si nos limitamos a saber qué partido ganó en cuáles distritos. Los resultados más interesantes aparecen al revisar la distancia entre el ganador y el segundo lugar en cada distrito. Si la distancia es amplia, tendríamos sustento claro para asegurar que el país se ha polarizado, pero si la distancia es relativamente corta, los resultados pueden ser fácilmente reversibles en la siguiente elección. Si este es el caso – como mostramos abajo – tendríamos un país con altos niveles de competitividad electoral (8).

Las Figuras 4a y 4b muestran la competitividad de los distritos para las elecciones del 2000 y 2006. Las diferencias no podrían ser mayores entre ambas elecciones. En el 2000 vimos un país con una presencia extendida del PRI, votos concentrados para el PAN en el bajío y la frontera, así como para el PRD en Michoacán. En contraste, en el 2006 vemos votos concentrados regionalmente, para el PAN en el norte y para el PRD en el centro-sur. En la elección presidencial de 2006, de los 151 distritos obtenidos por el PAN sólo ganó por más de 10% de la votación en 102 de ellos, que se concentran principalmente en el norte y en el bajío. Por su parte, de los 140 distritos que ganó el PRD, en sólo 94 de ellos superó al segundo lugar por más de 10% concentrados principalmente en el sur y el centro del país. Finalmente, de los 9 distritos ganados por el PRI únicamente en 2 de ellos ganó por más de 10% de los votos.

El PAN parece ser el partido con las lealtades más estables al repetir su hegemonía en 81 de los 126 distritos con respecto al 2000. Sin embargo, hay 32 distritos que pasaron de un dominio panista a un dominio perredista, así como 12 que se tornaron competitivos entre el PAN y el PRD - ambos casos centrados en el Distrito Federal y el estado de México. El PRI no sólo perdió, sino que estuvo cerca de perderlo todo: únicamente 2 de los 63 distritos que ganó holgadamente en el 2000 repitieron, curiosamente, uno con cabecera en Bochil (Chiapas) y el otro en Monterrey (Nuevo León).

Lo que el PRI perdió, el PRD ganó. De los 81 distritos que solían ser competencia entre el PAN y el PRI en 2000, 29 son competidos ahora entre PAN y PRD, y 21 se convirtieron en bastiones del PRD. Aún más, 14 de los 16 distritos competidos entre el PRD y el PRI en 2000 se convirtieron en perredistas hegemónicos. Finalmente, aquellos 12 distritos que solían ser competencia entre el PRD y el PAN se volvieron claramente perredistas, con la excepción, irónica, de 2 distritos michoacanos con cabecera en Morelia y Uruapan.

Los resultados de la elección presidencial de 2006 sugieren que esta fue una elección de preferencias intensas, pues dos tercios de los distritos fueron ganados por alguno de los tres partidos por más de 10% de votos sobre el segundo lugar. Pero esta cifra no es tan distinta a 2000, cuando 63% de los distritos fueron ganados por más de 10% de los votos. La elección de 2006 fue una elección polarizada, pero no polarizante. Heredó la división de 2000 y pintó de amarillo lo que era verde.


LA DECOLORACIÓN LEGISLATIVA.

La gran sorpresa de los resultados electorales es que la elección al Congreso en 2006 es mucho más cercana al tripartidismo. Nótese en la Figura 5 que el PRI gana 55 distritos más en la elección para diputados que en la elección presidencial. De la misma manera, el PAN gana 14 distritos menos en la elección de diputados que en la presidencial y el PRD gana 41 distritos menos para diputados que para presidente.

¿Qué sugiere esto? En principio, que la personalidad de los candidatos importa especialmente para polarizar una sola elección que no es necesariamente representativa de las preferencias completas del electorado. De este modo, ni el norte es tan azul ni el sur tan amarillo como sugería la Figura 1. De hecho, si los resultados de la elección para Congreso reflejaran con mayor nitidez las preferencias partidistas del electorado, tendríamos un PRD concentrado básicamente en el sur del país, un panismo concentrado en el bajío, la frontera y el corredor Puebla-Veracruz, y un priísmo que se resiste en el norte, el estado de México, Hidalgo, Chiapas, y parte de la península de Yucatán.

Si comparamos estos patrones con los vistos en la elección presidencial vemos que los cambios son menos radicales. Por ejemplo, el PRD que obtiene 125 nuevos distritos para la elección presidencial, en 2006, sólo gana 70 en la elección de diputados. En el mismo tenor, el PRI que pierde 99 distritos en la elección presidencial, sólo pierde 66 en la elección a diputados. Los datos presentados en la Tabla 3, de nuevo, sugieren que el PAN es el partido menos volátil en términos de los distritos perdidos con relación a 2000 tanto en la elección legislativa como en la presidencial.
El “efecto Madrazo” afectó también las preferencias por el PRI en la elección legislativa, de los 130 distritos ganados por el partido en 2000, sólo logró repetir su triunfo en menos de la mitad (9). Dos hechos merecen nuestra atención: el PRI le arrebató al PAN 11 distritos en el 2006 (10) y el PAN perdió 32 distritos frente al PRD, la inmensa mayoría en el Distrito Federal y el Estado de México. De nueva cuenta, el PRD perdió un solo distrito: aquel con cabecera en Morelia.
Al comparar la elección legislativa con la elección presidencial en 2006, el primer dato notorio es que una proporción mayor de distritos son competidos en la elección para diputados como se muestra en la Figura 6. La elección presidencial generó 34% de distritos competidos contra 46% en la elección a diputados. El incremento se centra en aquellos donde el PRI compite con el PRD (de 30 a 45 entre ambas elecciones), mientras que los distritos competidos entre el PAN y el PRI se redujeron de 71 a 64, y los competidos entre el PAN y el PRD pasan de 59 a sólo 29. En otras palabras, esta elección se polarizó entre candidatos, no entre partidos. En suma, parece que la competencia en la elección de diputados en 2006 se genera, principalmente, por una pérdida de hegemonía del PRI en un número importante de distritos, que se vuelven competidos entre PRI y PRD -26-, o incluso entre PAN y PRD -8-. A pesar de estos cambios, la lealtad partidista es mucho más elevada en la elección legislativa. El 60% de los distritos no cambiaron de ganador entre 2000 y 2006, mientras que el porcentaje para la elección presidencial fue del 45%.

Este cambio temporal de preferencias en la elección de diputados es más claro al ver la Figura 7. Como se aprecia, el PRI retuvo un número importante de distritos en el norte, centro y sureste del país, pero no captura ningún nuevo distrito. El PAN retiene distritos en el norte y en el bajío, le quita distritos al PRI en las mismas dos regiones y en el sureste, y le roba al PRD uno de los dos distritos en Morelia. El PRD mantiene distritos principalmente en Baja California Sur, Zacatecas y Michoacán, arrebata grandes porciones al PRI en el estado de México (los municipios conurbados al oriente del Distrito Federal), Hidalgo, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, y finalmente, le quita distritos al PAN ubicados en el Distrito Federal y los municipios del estado de México conurbados al norte.


DIVIDE Y VENCERÁS.

Los distritos que generaron a un ganador para la elección presidencial y a otro para la elección legislativa nos dan un ángulo adicional de la historia de 2006. Curiosamente, en 232 de los 300 distritos, el mismo partido ganó la elección presidencial y de diputados; esto es, sólo 23% de los distritos generaron resultados divididos. Si vale de consuelo, el PRI fue el único partido que logró ganar en la elección para diputados la totalidad de los distritos que había obtenido para presidente. Por su parte, el PAN mantuvo el apoyo en 124 de los 151 distritos ganados por Felipe Calderón, perdiendo 27 distritos frente al PRI, sobre todo en el norte, pero ninguno frente al PRD. Por su parte, el “efecto AMLO” no evitó que 41 distritos votaran por un partido diferente al PRD para diputados, 28 para el PRI, principalmente en el sur y en el estado de México, y curiosamente 13 distritos para el PAN en el centro del país (ver Figura 8).

La elección de 2006 no ha sido la única donde los distritos dividen su voto, pero el número de distritos que dividieron su voto en esta fue sustancialmente mayor a la de 2000 (68 y 43 respectivamente). Además, únicamente 113 distritos en el país emitieron votos unificados por el mismo partido en las últimas dos elecciones (11). Pareciera, entonces, que los tres partidos sólo controlan establemente un poco más de un tercio de los distritos en el país, y 92 de estos pertenecen al PAN.

¿Sugiere esto que el PAN es más competitivo en elecciones presidenciales que en elecciones al Congreso? No necesariamente, pero sugiere que el PAN ha sido más eficiente que los otros dos partidos para consolidar una base partidista estable en los distritos. Pero, además, la Tabla 6 sugiere que el PRI ya no es el partido que controla un número importante de distritos “seguros” en el país (12) y que las ganancias distritales del PRD parecen ser un mero producto del “efecto AMLO”.


EL PAN: NO TODO ES MIEL SOBRE HOJUELAS.

Es claro que el PAN tendió a perder puntos porcentuales de votación en varios distritos entre 2000 y 2006 (recordemos que es el único partido competitivo en ambas elecciones), dado que sólo gana moderadamente en menos de un tercio de los distritos. Si vemos la Tabla 7, comparado con 2000, el PAN perdió entre 0% y 15% de los votos en más de la mitad de los distritos, tanto en la elección presidencial como en la elección de diputados. Además, pierde entre 15% y 30% de votos en la elección presidencial en casi una quinta parte de los distritos. Así, el PAN ganó puntos porcentuales de votación en casi un tercio de estos, pero perdió en los dos tercios restantes. Esto no debe interpretarse como una muestra de la decadencia del PAN sino, en parte, una muestra de las condiciones imperantes en ambas elecciones.

Geográficamente, ¿dónde ganó y dónde perdió votos el PAN? La Figura 9 muestra que gana entre 15% y 30% de los votos en tres distritos de Sinaloa (13). Gana entre 0% y 15% de los votos en 20 estados, principalmente en el norte, bajío y centro (14). Sorpresivamente, pierde entre 0% y 15% de los votos en el norte a pesar de haberlo ganado; en el sur donde había crecido en 2000; y en el centro que se volcó hacia el PRD en esta elección (15). Estos resultados confirman el dominio panista en el bajío y su ausencia en el sur.

Cabe resaltar aquí que los cambios en la votación del PAN no fueron idénticos en la elección presidencial y en la elección de diputados; a diferencia del “efecto Fox” en 2000, no hubo un “efecto Calderón” en la elección de diputados del 2006 .


EL PRI: ESTAS RUINAS QUE VES.

Hasta este punto, los resultados de la elección de 2006 nos habían sugerido que el PRI había sido el gran perdedor en la elección. La Tabla 8 hace evidente que el PRI perdió puntos porcentuales de votos en virtualmente todos los distritos del país. De hecho, perdió entre 5% y 15% en más de la mitad de ellos. Sin embargo, las pérdidas son mucho más severas en la elección de presidente que en la de diputados.

La Figura 10 muestra geográficamente estos patrones y la evidencia es apabullante. El PRI pierde porcentajes de votación en todos los distritos excepto en cuatro donde gana pocos puntos porcentuales, quizá porque Roberto Madrazo es originario de la zona (16). Las pérdidas más notorias están en Sinaloa donde pierde más de 30% de los votos. Curiosamente este es uno de los estados donde el PRI ganó la elección para senadores – ¿efecto Labastida? Le siguen pérdidas entre 15% y 30% en el norte y en el centro del país.

Las pérdidas son también dolorosas aunque menos graves en la elección a diputados. El PRI gana entre 0% y 15% de votos respecto de 2000 en 23 distritos en 11 estados. A pesar de ello, pierde porcentajes de votación en 277 distritos en casi todos los estados, principalmente en el centro y en el norte del país, donde su votación se reduce entre 15% y 30%. El diagnóstico para el PRI es suficientemente claro: redujo su porcentaje de votación respecto de 2000 en casi todos los distritos del país, pero la reducción fue especialmente notoria en la elección presidencial y particularmente en las zonas centro y sur.


EL PRD: LA SOMBRA DEL CAUDILLO.

Es evidente que el gran ganador en 2006 fue el PRD, o mejor dicho Andrés Manuel López Obrador. En la elección presidencial, el PRD no perdió un solo punto porcentual de voto entre 2000 y 2006. Por el contrario, elevó su nivel de apoyo en todos los distritos, pues ganó entre 15% y 30% de los votos en casi la mitad de estos. Sorpresivamente, ganó más de 30% de votos adicionales con respecto a 2000 en 34 distritos en seis entidades (17). AMLO ganó altos porcentajes de votación en casi todos los distritos del país, pero especialmente en el centro y en el sur-sureste del país como muestra la Figura 11. Es en Michoacán donde aparecen los distritos con menores ganancias porcentuales, aunque no debe sorprender si consideramos que Michoacán fue uno de los pocos estados donde Cuauhtémoc Cárdenas ganó distritos en 2000.

Si bien el crecimiento de los votos del PRD también sucedió en la elección a diputados, no es tan formidable como en la elección presidencial. Esto es, el “efecto AMLO” fue sustancialmente menor en la elección a diputados donde el PRD pierde votos en 15 distritos en 7 estados, dos de ellos gobernados por este partido (18). Con excepción del centro y del sur-sureste, donde las ganancias del PRD son significativas, en el resto de los distritos del país, las ganancias son bastante moderadas. Sobra señalar que en el Distrito Federal y la zona conurbada el PRD se ha vuelto un verdadero hegemón. Esto nos hace sospechar que los resultados no necesariamente reflejan un crecimiento del partido sino la influencia del caudillo.
Los resultados de la Tabla 9 muestran que el PRD obtuvo porcentajes adicionales de votos con respecto a 2000 en casi todos los distritos del país. Pero, no hay que olvidar que en 2000 sólo los perredistas duros votaron por Cárdenas (19). En este contexto, no es sorprendente que sea el PRD el partido con más votos potenciales por ganar en la elección presidencial, aunque marginalmente en las zonas tradicionalmente perredistas, como señalamos del caso de Michoacán. En todo caso, es claro que un candidato carismático puede lograr en una elección, lo que su partido no pudo en 15 años de existencia.


EN CONCLUSIÓN.

Contrario a la percepción generalizada, México no despertó el 3 de julio ni más dividido ni más polarizado. Si bien es cierto que la distribución de votos entre los dos partidos punteros muestran patrones regionales más claros que en el 2000, esto se debe simplemente al deterioro del único partido verdaderamente nacional: el PRI. Esto es, las elecciones del 2000 y el 2006 muestran tendencias similares de división y competencia entre los dos partidos punteros, la diferencia estriba en la extensión del apoyo geográfico del PRI versus el PRD.

La elección presidencial no produjo una división tajante entre estados azules y amarillos, con una línea insalvable ubicada en los límites de Hidalgo y Querétaro. Los datos por distrito matizan estas conclusiones prematuramente dramáticas. Por ejemplo, el PAN parece haber dominado el norte del país con mayor claridad que el PRD en el sur, mientras que la región central del país fue claramente más competida.

Lo único que podemos verdaderamente afirmar es que el PAN confirma sus simpatías en el bajío y el norte, pero confirma también sus antipatías en algunos estados del sur: Oaxaca, Tabasco, Guerrero y Chiapas. Ocurre en el sur un fenómeno evidente, la península de Yucatán no se parece al resto de la región y muestra un voto más volátil entre los tres partidos. Finalmente, es inevitable mencionar la pérdida dramática del PAN en los dos estados con mayor número de votantes: el Distrito Federal y el estado de México.

La elección de 2006 presenta resultados divididos entre el PAN y el PRD a nivel regional, pero de nueva cuenta las razones radican en el PRI. Por ejemplo, es evidente que el PRD compite con el PRI en el norte, no con el PAN. Asimismo, los avances del PAN se deben a su adquisición de distritos que solían ser competidos con el PRI. La elección de 2006 no fue más competida o polarizada que la de 2000, transformó únicamente la ubicación geográfica de las divisiones.

El PRD ganó un número impresionante de distritos en la elección presidencial y legislativa. El partido creció al punto de volverse hegemónico en distritos que solían ser priístas. En la elección presidencial el crecimiento de este se debe centralmente a la decadencia del PRI. No así en la elección para diputados, en la que arrebata también algunos distritos que el PAN había ganado en el 2000, sobre todo en el Distrito Federal y su área metropolitana.

Una prueba más en contra del mito del país dividido es el comportamiento electoral en la elección para diputados, que fue mucho más cerrada y menos dividida que la elección presidencial. Esto es importante porque tradicionalmente las elecciones legislativas son un mejor termómetro para medir apoyos partidarios e ideológicos. La elección para diputados presenta una paradoja, es por un lado la elección más cerrada y menos dividida (sólo 23% de los distritos dividieron su voto entre presidente y diputados), y por el otro, presenta un mayor grado de lealtad distrital hacia los partidos. Esto se explica por la capacidad del PAN para consolidar una base estable de apoyo en el bajío y en el norte, ya que es el único partido de los tres que repite como competidor serio en ambas elecciones.

La competencia en la elección de diputados se da principalmente entre PAN y PRI, seguida de la competencia entre PRI y PRD, dejando en último lugar la competencia entre PAN y PRD que fue la combinación más frecuente en la elección presidencial. En consecuencia, la división del voto en los distritos beneficia claramente al PRI, a costa de los otros dos partidos: 27 distritos ganados por Calderón y 28 ganados por López Obrador fueron obtenidos por candidatos priístas al Congreso.

El comportamiento electoral de los distritos entre 2000 y 2006, así como entre la elección presidencial y aquella por diputados evidencia también que el PRD no penetró la mayoría de las regiones tradicionalmente panistas, y que en los casos en los que arrebató distritos al PAN no lo hizo como partido, sino a partir del candidato: no hay un solo distrito que haya votado por Calderón y que haya votado por el PRD para el Congreso.

Además, la penetración de López Obrador en distritos previamente panistas, ganados por Fox en el 2000, no evitó que algunos de estos mismos distritos votaran por el PAN en la elección para diputados: 9 de los 13 distritos con voto divido PAN-PRD fueron ganados por Fox en el 2000.

Sin duda, este es más un país volátil que dividido. Los votantes mexicanos son más inestables que leales. La elección de 2006 es más un reflejo de partidos que no encuentran su equilibrio electoral en la democracia, que de un sistema de partidos polarizado que divide en consecuencia al electorado. Sólo 134 distritos (45%) fueron ganados por el mismo partido en las elecciones de 2000 y 2006, 111 de ellos por el PAN.

El PRD y el PRI tienen la tarea de identificar su lugar en la democracia electoral mexicana. El PRD aparece como un partido joven maniatado por los triunfos de un solo hombre. El PRI aparece como un partido anciano debilitado por los fracasos también de un solo hombre. Los resultados de la elección de 2006 nos dejaron un PRI derrotado pero latente y un PRD triunfador pero endeble.

Como sospechábamos, el 2 de julio de 2006 reflejó más una democracia joven en busca de sus equilibrios, que una democracia vulnerada prematuramente por discordias políticas insalvables.

NOTAS
:

(1) Asumimos – como es posiblemente el caso y es difícil probar lo contrario – que los partidos pequeños en coaliciones no aportan votos, sino fondos a la cuenta de campaña. Esto posibilita comparar los votos del PRI, del PAN y del PRD – independientemente de coaliciones – entre elecciones presidenciales. Por otra parte, excepto por Nueva Alianza, ningún partido en la historia contemporánea del país había obtenido su registro como partido político en su primera participación electoral.

(2) Nuestro análisis es geo-espacial, y nos interesa detectar patrones de voto vinculados con zonas geográficas. Por esta razón excluimos los votos emitidos en el exterior. Por otra parte, el país llegó a la elección de 2006 con nuevos distritos, que son distintos a los existentes en 2000. Por ello, este ejercicio reconstruye los distritos de 2000 utilizando los contornos de los distritos de 2006. Es decir, mostramos los resultados de 2006 como si los distritos actuales hubiesen sido vigentes en 2000. Finalmente, los datos para 2006 provienen de los cómputos distritales de 2006 publicados por el Instituto Federal Electoral. Asumimos que al momento actual son la fuente más confiable sobre la votación emitida. Los datos para 2000 provienen de los resultados oficiales compilados por el Instituto Federal Electoral.

(3) De hecho, los nueve distritos en donde gano el PRI se concentran en cinco estados: Chiapas (Palenque, Bochil, Ocosingo, San Cristóbal), Nayarit (Compostela), Nuevo León (5-Monterrey), Oaxaca (Teotitlán) y Puebla (Zacapoaxtla, Ajalpan).

(4) Pues el PRD sólo ganó 15 distritos en la elección presidencial en 2000.

(5)Ubicados principalmente en Baja California Sur, Zacatecas y Tlaxcala, el Distrito Federal y su zona conurbada,

(6) Entre ellos los pocos distritos que logró ganar en el norte del país, así como la mayoría de los distritos en Hidalgo, Estado de México, Guerrero, Tabasco, Oaxaca y Chiapas.

(7) Ubicados principalmente en el norte del país, y en los estados de Jalisco, Querétaro, Puebla y Yucatán.

(8) Definimos un distrito competido si la distancia entre el primer y el segundo lugar fue menor a 10%, por tanto, un distrito hegemónico es aquel en el que el ganador supera en más de 10% a su más cercano competidor. Como un dato interesante, el promedio de distancia entre el primero y el segundo lugar en el 2006 fue de 18.81%, mientras que en el 2000 fue de 16.71%, una diferencia sugestiva pero más bien reducida. En todo caso, es notorio que en una democracia con 3 partidos fuertes tengamos distancias tan altas entre los primeros dos lugares, indicio de que vivimos en dos países bipartidistas (uno en el norte y otro en el sur), mas no en un país tripartidista.

(9) Se trata de 53 distritos, 38 de los cuales se fueron con el PAN en el norte, Veracruz y Yucatán; y 39 por el PRD en el Sur y el estado de México.

(10) 2 en Chihuahua, 1 en Durango, 1 en Jalisco, 1 en el Estado de México, 1 en Morelos, 1 en Nuevo León, 1 en Quintana Roo, 1 en Tamaulipas y 2 en Veracruz.

(11) Si bien este dato no revela la historia completa de la competencia en el país, pues incluye sólo las últimas dos elecciones presidenciales, es un dato revelador si consideramos que 2000 fue la primera elección en el país que implicó alternancia en la Presidencia y que marcó la última elección donde el PRI fue altamente competitivo. Posiblemente estas tendencias se reviertan en el futuro – de hecho, esa es la parte medular de nuestro argumento – pero por lo pronto reflejan claramente los cambios en las últimas dos elecciones concurrentes en el país.

(12) Y este es un dato relevante para todos aquellos partidarios de la reelección legislativa en sus términos mínimos (i,e, modificar únicamente el Art 59 Constitucional): el PRI no necesariamente se perpetuaría en el poder si se instaurara la reelección legislativa simplemente porque virtualmente no cuenta con distritos “seguros”. En cualquier caso, el PAN parece estar consolidando distritos “seguros” desde 2000.

(13) Los distritos son 1- El Fuerte, 2-Ahome y 4-Guasave.

(14) Estos estados son Chiapas, Chihuahua, Durango, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, estado de México, Michoacán, Nuevo León, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán y Zacatecas.

(15) De hecho, pierde más de 30% de los votos en Chiapas (9- Tuxtla) y Tabasco (4 y 6 – Centro).

(16) Estos distritos se concentran en Chiapas (1 - Palenque) y Tabasco (4 y 6 – Centro, y 5- Paraíso).

(17) Estas entidades son Chiapas, DF, México, Nayarit, Oaxaca y Tabasco.

(18) Estos estados son Colima, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Sinaloa, Sonora y Zacatecas.

(19) Para evidencia empírica, ver por ejemplo Magaloni, Beatriz & Alejandro Poiré. 2004. “The Issues, the Vote, and the Mandate for Change” en Domínguez, Jorge I. & Chappell Lawson (eds.). Mexico's Pivotal Democratic Election: Campaigns, Voting Behavior, and the 2000 Presidential Race. Stanford, CA: Stanford University Press; Moreno, Alejandro 2003. El votante mexicano: democracia, actitudes políticas y conducta electoral. México, DF: Fondo de Cultura Económica; o Beltrán, Ulises. 2003. “Venciendo la incertidumbre: El voto retrospectivo en la elección presidencial de julio de 2000 en México” Política y Gobierno X (2):325-358.