13.9.06

De los Principios al Principito (Publicado en Excelsior, 13/09/06)


"Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones."
El Principito.

Escribir es un juego, ya lleno de sentidos, ya lleno de despilfarros. Para nuestra fortuna la realidad nos regala momentos tan consagrados al absurdo que queda el juego como recurso de consuelo. Por primera vez en nuestra historia moderna el Presidente no pudo recitar – no otra cosa se hace – su informe de gobierno frente al Congreso. La protesta contenida en las instituciones. El bloqueo contra el bloqueo contra el bloqueo, como una réplica ridícula de sinsentidos. La sonrisa maliciosa de quienes vieron un triunfo en callar al Presidente.

Ahora que como sabemos, el sexto informe de gobierno del Presidente Fox está disponible para quien quiera leerlo. Aunque despojado de la voz invariable y las interrupciones también invariables es un documento más bien seco. Descripción agotadora de acciones e intenciones de gobierno.

En materia de política exterior el informe no leído nos dice de inmediato que “en la presente administración, la diplomacia mexicana ha trabajado tanto para preservar la soberanía y la seguridad nacional, como para favorecer el desarrollo socioeconómico de los mexicanos”. Generalidad salvadora de conceptos bienhechores. Cosa curiosa encontrar en la preservación de la soberanía y la seguridad nacional objetivos del esfuerzo diplomático. Pleonasmo cándido del Estado que se aferra en parecer Estado.

Lo cierto es que definir la política exterior del gobierno foxista resulta una tarea complicada. Demasiadas canchas, muy pocos goles y un sólo jugador. Este fue un sexenio más transitorio que de transición. Contra los principios tradicionales de la política exterior mexicana el Presidente no logró formular un nuevo andamiaje para la política exterior. Es cierto, nuestros principios de política exterior fueron concebidos bajo una lógica de protección y simulación. Hijos dóciles de los fines de política interior. Por ejemplo, la defensa constante de la autodeterminación de los pueblos y la no intervención, fueron instrumentos cómodos para un régimen no democrático que encontró por momentos en el aislamiento selectivo un mecanismo de protección contra presiones exteriores a favor del cambio político.

Pero a la negación del pasado se antepuso el vacío del presente. México aún no encuentra una política exterior estructurada y congruente con su condición democrática. Si bien los temas de derechos humanos y política migratoria se encuentran como nunca en el centro de nuestros esfuerzos diplomáticos, se carece aún de mecanismos formales para su incidencia.

Este fue un sexenio de permanentes reuniones y cumbres (con sus correspondientes fideicomisos). De acuerdo al sexto informe de gobierno, de 2001 a agosto de 2006 el Presidente de México realizó 55 giras internacionales a 50 países. El recuerdo que queda en los mexicanos de los viajes y eventos internaciones se reduce quizás a declaraciones improvisadas, irreverencias rutinarias, frases inoportunas, anécdotas incómodas y conflictos personalizados. Queda la imagen de un gabinete desperdigado, de liderazgos personales y desobedientes. Queda también la impresión de un hombre que sustituyó la diplomacia por la fe, escudado en su idea incuestionable del bien Fox se enfrentó a la política exterior e interior con una inocencia casi conmovedora, casi irresponsable. Incapaz de entender críticas y discrepancias, creyente sin medios, infantil e imprudente: un principito.

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