22.3.06

El Patito Feo (Publicado en Excelsior, 22/03/06)


Pocos fenómenos conectan dos países como los procesos de migración. Segmentos poblacionales que al moverse de una nación a otra se convierten en paréntesis ciudadanos, desmembran comunidades en su origen y recrean comunidades en su destino. El caso de México y Estados Unidos es ejemplar, dos economías perfectamente interdependientes que han encontrado en la migración no un tema de cooperación, sino de fricción. En estos días se discute en el senado estadounidense una propuesta de reforma migratoria que tiene dos polos. Por un lado, la mayoría republicana con una concepción restriccionista y punitiva, que ve en la inmigración una amenaza. Por el otro lado, la minoría demócrata que propone un esquema de trabajadores temporales basado en procesos migratorios circulares y la posibilidad de residencia en el largo plazo. Dilemas entre lo económicamente necesario y lo políticamente redituable.

De este lado, la migración de paisanos al norte es mitad culpa mitad alivio. La emigración es una inversión, no emigran ni los más pobres ni los desempleados, emigran quienes pueden costear el viaje, una inversión promedio de 20,000 pesos, y tienen incentivos económicos para hacerlo. Es simple, unos años de trabajo al otro lado pueden implicar el retorno con una acumulación de capital suficiente para acceder a una casa propia, un negocio y la educación de los hijos.

México es hoy en día el principal receptor de remesas en el mundo, alrededor de 20 mil millones de dólares en 2005, el ingreso anual promedio de casi 3.4 millones de mexicanos. Por su parte, la recepción de remesas en México se ha diversificado entre estados, pero sigue estando concentrada en relativamente pocos municipios. De acuerdo a la muestra censal del 2000, únicamente en 13 municipios el promedio per cápita de remesas en el 2000 sobrepasaba los $1000 pesos mensuales. Una medición más interesante es el peso porcentual promedio de las remesas en el ingreso por hogar de los municipios. Había en México 405 municipios en los que las remesas representaban más del 10% del ingreso promedio por hogar y 67 en los que el promedio era superior al 25%. Estos son municipios poblacionalmente pequeños y con índices promedio de marginalidad intermedios.

No existe un consenso sobre el efecto de las remesas en el crecimiento de los países, mientras algunos estudios encuentran que inhiben el crecimiento al reducir incentivos productivos, otros estudios concluyen que promueven el crecimiento al incrementar el consumo y la inversión en capital humano (i.e. educación y salud). En México una fracción muy reducida de las remesas se destina a proyectos productivos, es el caso excepcional del Programa 3x1 en Zacatecas. También es cierto que las remesas pueden tener un impacto reductor de largo plazo en la pobreza de algunas localidades. En todo caso, las remesas por si solas no son ni enfermedad ni medicina económicas, son eso sí, reflejo de la complementariedad de las economías estadounidense y mexicana. Hoy en México vemos en las remesas un consuelo a la pobreza, y nos quedamos contentos.

El tema migratorio está en el centro de la viabilidad futura del TLCAN, su indispensable ampliación hacia temas sociales y políticos. México tiene que encontrar su sitio en Norteamérica, pasar de ser un pasivo exportador de mano de obra a la consecución de acuerdos laborales como parte esencial del tratado de libre comercio regional. El trabajo no puede ser mas el patito feo de los factores de producción en una economía regional basada en el libre flujo de productos e insumos. Mientras el capital fluye fácil, su complemento sigue saltando bardas y caminando desiertos.

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